El martes 4 de febrero de 2025, en medio del estrafalario consejo de ministros televisado que terminó con la exposición de las grietas al interior del gobierno de Gustavo Petro, el presidente tomaba la palabra para hacer una sarta de disertaciones pseudo históricas, acomodativas y panfletarias, a la vez que invitaba a que se estudiara la historia para que se lo pudiera entender a sí mismo y a su gobierno. Tocó todo tipo de temas disímiles, incluyendo exabruptos tales como comparar a Camilo Torres Restrepo con Jesucristo, o hablar de que era una imperativa nacional el defender a Palestina, porque según él la sangre colombiana está mezclada con la sangre árabe, ya que para Petro los andaluces son árabes y por tanto lo mismo que los palestinos y que los colombianos. Sin embargo, el punto más recurrente al que volvía de manera insistente era el de la figura de Simón Bolívar, buscando una legitimación política en el caudillo libertador, tal y como ya hemos visto en países vecinos.
Por ejemplo, se apoyaba Gustavo Petro en la premisa bolivariana de que el ejército no debe apuntar sus armas jamás contra su propio pueblo. Es problemático pararse sobre los hombros de Simón Bolívar para hablar de que un ejército no debe actuar en contra de sus propios connacionales. No solo es que está la posición férrea que tuvo Bolívar en sus primeras campañas en Venezuela, donde lejos de pelear contra el ejército regular del rey, enfrentó a guerrillas de llaneros contra revolucionarios y naturalmente el ejército bolivariano luchó contra la reacción que era, ante todo, pueblo venezolano.
Pero como por las cuestiones geopolíticas tradicionales solemos enfocarnos en la nueva Granada para hablar de Colombia, no podemos pasar por alto el sitio de Santa Fe de diciembre de
1814, en el que el ejército bolivariano destruyó el barrio Santa Bárbara, tomó rehenes, violó mujeres, atacó a cañonazos el observatorio astronómico y se llevó a unos cuantos presos que fueron ejecutados luego de las afueras de la ciudad, no siendo su enemigo la corona española, sino el gobierno independentista de los Nariño Álvarez. Tampoco se pudo olvidar el sitio de Cartagena en 1815 que hizo Bolívar, sumiendo a los cartageneros en el hambre y la miseria, aunque pronto huyó ante la llegada de Morillo, que básicamente le dio continuidad al sitio que hiciera la soldadesca bolivariana. Con la destrucción de la población cartagenera por hambruna, generó que se llevara a los cartageneros a pasar de manera decidida al bando realista, ante la entrada de Morillo.
Mucho más conocida es la campaña del sur, en que Bolívar se enfrentó a un ejército realista de indígenas y mestizos en Bomboná, perdiendo el batallón Sables y apenas conservando el Rifles. Preludio todo esto de la masacre que se haría dos años después por un sucre comisionado por Bolívar en las calles de Pasto, a lo que se siguió la resistencia del mestizo Agustín Agualongo Cisneros, quien acabó también fusilado por el ejército bolivariano. También dijo Petro que Bolívar se enfrentó con el ejército más grande del mundo y lo derrotó, afirmación a todas luces falsa.
España no tenía militarizada a América, salvo por los puertos estratégicos como La Habana, Veracruz, Cartagena y Buenos Aires, además de las fortificaciones militares al interior de las capitanías generales como Chile, Venezuela, Guatemala y Cuba. Como en el resto de la masa continental americana, o bien no había soberanías contendientes, o bien había masas naturales infranqueables, caso de la Amazonía o del desierto de Arizona, no había necesidad de que hubiese fuerzas militares en América. El ejército realista contra el que se enfrentan desde Bolívar hasta San
Martín o Belgrano, contaba con apenas 12.000 soldados que llegaron con Murillo y que se repartieron por la geografía sudamericana, apoyados por la levada de locales sin instrucción militar.
Cuando se quiso enviar refuerzos a la cabeza de Rafael del Riego, este hizo un levantamiento en Sevilla, que dio con el trienio liberal que terminó con la expedición de los hijos de San Luis en la península, por lo que los refuerzos no llegaron nunca a América. La exageración histórica es tan absurda que mientras Napoleón en el solo cruce de los Alpes tenía 40.000 tropas, ninguna batalla de las campañas sudamericanas tuvo a más de 2.000 soldados en ninguno de los dos bandos. Es más, en un día de Waterloo hubo más bajas que en toda la campaña bolivariana junta, para poner en perspectiva la magnitud del ejército español en América con otros que fueron contemporáneos.
También nos dijo el presidente que él mismo no se arrodillaba ante Trump porque Bolívar dio ejemplo de no arrodillarse ante los imperios. La verdad es que lo del antiimperialismo es bastante cuestionable en Simón Bolívar, si se tiene en cuenta que llegó a ofrecerle Panamá a la corona británica para que hiciera un canal interoceánico. Su relación con el imperio fue una contradicción en sí misma, incluso hay correspondencia suya en la que expresa ante diplomáticos británicos la necesidad de que Sudamérica adoptara las formas y la cultura británicas para poder prosperar.
Incluso invitó a la corona inglesa al congreso Anfictiónico de Panamá, al que ni siquiera invitó a Haití, pues uno de sus intereses menos explorados por toda la historiografía nacionalista era la de construir un gran protectorado británico en América. Prácticamente, Petro puso la historia de Colombia en dos polos, el inicio con Simón Bolívar y su propio gobierno, como los únicos demócratas en tanto que enfrentan oligarquías, mientras que todos los demás gobiernos eran oligárquicos y, por tanto, antidemócratas. En este punto, Petro pasa por alto la ley de hierro de la oligarquía que postularon Robert Michael y Gaetano Mosca, desarrollada en
castellano por el recientemente fallecido Dalmacio
Negro Pavón.
Toda forma de gobierno es independiente del régimen, y aunque las formas pueden tener a uno, a pocos o a muchos gobernando, el régimen, es decir, el sustrato real del poder siempre tiene una élite privilegiada. Tanto es así que, en su propio gobierno, que apenas va para los tres años, hay una clara estructura oligárquica de unos privilegiados que lo auparon al poder y que son intocables en el ejercicio de la política, siendo este incluso un punto entre las polémicas que se dieron a continuación con las intervenciones del gabinete. Procedió Petro a continuar con Bolívar y entonces dijo que el ejército de Bolívar era un ejército popular.
Se olvidó acá Petro de que el ejército de Bolívar tuvo en términos absolutos y porcentuales muchas más tropas europeas que el realista, aprovechando a los mercenarios desempleados después de las guerras napoleónicas y nutriéndose de mercenarios ingleses, franceses y hamburgueses. También olvida el uso de corsarios italianos, holandeses y franceses con los que se apoyó en términos navales. No tiene en cuenta las fuerzas que en dos oportunidades le dio Alexandre Pétion.
En últimas, los autóctonos eran algunos campesinos y mercenarios entusiastas, y unos cuantos indígenas capturados violentamente tras la destrucción de reducciones y resguardos que usaron como carne de cañón, además de esclavos reclutados su amenaza de perpetuar su condición de esclavitud en caso de desertar, dándoles así una manumisión condicionada e interesada, además de levas forzadas que no distinguían a niños, adultos y ancianos. También dijo el presidente que Bolívar se enemistó con Santander porque Bolívar se oponía al imperialismo estadounidense. Y la verdad es que, para entonces, ni Estados Unidos era un imperio, ni el propio Bolívar tenía realmente ningún tipo de enemistad con ese país, Bolívar admiraba profundamente la revolución norteamericana, de ahí el que siempre llevara consigo una medalla al cuello con la cara de Washington que le fue
entregada por Lafayette, héroe de las revoluciones francesa y norteamericana.
Veía Bolívar en Estados Unidos un ejemplo de república constitucional que se diferenciaba de los planes imperiales de Iturbide y San Martín. Fue tal la simpatía de los revolucionarios respecto de los ilustrados gringos que tomaron de ellos el nombre de Colombia, nomenclatura que era muy popular entre los ilustrados estadounidenses cuando Miranda vivía en Nueva York. También dijo que Bolívar creó el Consejo de Estado, cosa que es una verdad a medias.
El Consejo de Estado que creó Bolívar era un cuerpo consultivo traído del derecho francés y apenas guarda una homonimia con el máximo tribunal de lo contencioso administrativo de la actual Colombia, que fue, en este sentido, una creación de la Constitución del 91, que apenas guarda una sala consultiva como remembranza al Consejo de Estado Bolivariano. Según Petro, también, Bolívar fue ante todo un demócrata. Se olvida a Petro de que Bolívar redactó por su propia mano un proyecto de constitución que quiso que riñera con la de Ocaña, de origen ciertamente democrático, siendo el modelo bolivariano uno en el que la presidencia era vitalicia y se heredaba al vicepresidente que hubiese decidido en su arbitrio el presidente.
No solo su proyecto fracasó en Bolivia prontamente, sino que tampoco lo pudo poner a regir en Colombia, y, en consecuencia, se declaró a sí mismo dictador y ejerció la dictadura hasta la conspiración de septiembre, tras lo cual renunció en favor de Domingo Caicedo. Desde entonces, hubo que restituir la democracia a despecho de Bolívar y no por impulso suyo. Agregó Gustavo Petro que Bolívar fue un progresista.
La verdad es que Bolívar era un revolucionario jacobino, educado sobre las tesis de la ilustración francesa y que luchó en una revolución que pudiera darle continuidad a aquella. Nunca supo de lo llamado progresismo, ideología construida en la p
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